¿Has soñado alguna vez estar boca arriba al cielo?
y que tu cuerpo se eleva por encima de tu voluntad,
tus manos se aferran al suelo,
murmuras al concreto -encuentra mi gravedad.
Pero si me elevo al oscuro contigo no es tragedia,
si encuentro en tus ojos la misma pregunta,
y en tu silueta bailan mis movimientos;
seríamos dos y tres en uno, esperando el amanecer.
Toqué aquella puerta como de costumbre, la toqué varias veces como de costumbre.
Sentí aquel impulso por ver quién tocaba, corrí las cortinas de aquella ventana,
poquito a poquito asomé los primeros dos tercios de mi cabeza y pude mirarte, tú tan pequeña.
No me importaba la espera, no era para mi nueva, siempre te hacias la que no me escuchaba,
pero todas las tardes volvía hasta tu puerta. Hoy el cielo se ha despejado, hoy de seguro estás por ahí.
Cerré el mosquitero despacio y di vueltas junto a la cama, las manos se me querían hacer nudos, en nudos tenía el alma.
Puedo escucharte ahí adentro mojarte la cara, siento que te estoy viendo mirarte al espejo, enchinar la pestaña.
Vuelvo de nuevo a mirarte desilusionada, cansada de tanto esperar que de vuelta a la chapa.
-Pero ¿por qué no me abres, mujer?-pensé en silencio-Tengo tanto miedo ¿qué te puedo decir?-y de un golpe cerré el mosquitero.
Es la tercera vez en dos años que cambio el color en los muros de este cuarto.
No me sorprende.
He dejado bien abierta la ventana que queda de frente al muro más fresco,
es un púrpura profundo que aún no logra cubrir la mariposa amarilla del mes pasado.
Es enorme. Pareciera que se propone volar, que pronto moverá sus alas, sus cuernillos y se irá.
Mientras yo sigo sentada sobre la cama en medio de todo este lío.
Pero como se parece... como se parece a ese puño carmesí dentro de mi,
con todos sus bordes escurriendo.
Siempre he tenido esas estrellitas en el techo, brillando cuando apago la luz.
Levanto las manos a mi cielo estrellado, quiero alcanzarlo, encenderlo más tiempo.
Amuletos absurdos mamá.
Yo no soy de cuarzo rosa, no quepo sobre tu palma, tus manos no me pueden levantar.
No sirvo para sentarme frente a ti a verme bonita, mamá.
Tengo tus ojos mujer, ¿y no los entiendes?
tengo tu porte, ¿y no te convence?
Estiro mis brazos a mi madre dormida, quiero alcanzarla, encenderla un momento.
Te deformo, pongo tus ojos bajo tus labios, reduzco tu craneo, usas más barba y te dejo calvo.

así que termina pronto,
antes de que ni siquiera atractivo te encuentre.

siamo